Un
personaje que suele aparecer en los cuentos como una experimentada
hechicera es la araña, que tiene su leyenda ya en la mitología clásica:
Aracne, doncella de Lidia cuyo padre era tintorero, había adquirido gran
fama por su extrordinaria habilidad para tejer y bordar. Tanto era su
talento que Atenea, diosa de las hilanderas y tejedoras, quiso tenerla
por discípula. Aracne, orgullosa, desafió a la diosa porque quería
demostrar lo que valía por si misma. El reto consistía en tejer cada una
un tapiz. Los dos se veían muy bellos, pero el de Aracne era perfecto.
Atenea, furiosa, rompió el tapiz de Aracne con la lanzadera, antolo cual
ésta se ahorcó. Pero Atenea no permitió que muriera y la transformó en
araña, que seguiría hilando y tejiendo eternamente en la punta de su
hilo.
En
realidad, las arañas son la apariencia que adquieren algunas hadas para
atrapar en sus sutiles redes a los inocentes jóvenes, doblemente
encantados, convertidos primero en insectos, son atraídos despues hacia
la trampa mortal de las redes de la lejana Aracne.
No
siepre la araña es un hada maligna. A veces se la compara con la
hacendosa y fiel Penélope, tejedora de esperas, o con la tejedora de
cuentos que atrae con sus palabras a los niños que quedan enredados en
los hilos de la fantasía. Se tienen noticias de arañas bondadosas que
ayudan a las jóvenes que se encuentran en trances difíciles.



